Tras la mirada del fotógrafo.

Abraham Gorostieta.

Si pudiéramos resumir en una sola idea a Pedro Valtierra tendríamos que usar un anglisísmo: self sade man (un hombre hecho por sí mismo). Nació en Fresnillo, Zacatecas en 1955. A los 12 años trabaja igual que su padre, don Pedro, hombre del campo. Así el niño Valtierra fue albañil, mecánico, vendedor de discos en la calle, ropa en el mercado. Cuidaba chivas y también vendía periódicos en las esquinas. “La necesidad te hace tener muchos oficios”, explica el veterano fotógrafo.

Y la necesidad lo llevó a la Ciudad de México. Con 15 años de edad y con los bríos del adolescente, el joven Valtierra se puso a trabajar en todo lo que podía. Repartía sus días entre el CCH Naucalpan y el trabajo. Lo mismo vendía periódicos que daba grasa a los zapatos en las calles. El oficio de bolero lo llevó a cepillar los zapatos de los reporteros y fotógrafos de Los Pinos. Un día fue a darles bola a los laboratoristas del departamento de Fotografía, y el mundo cambio para el joven: “Vi como revelaban y como imprimían. El cuarto oscuro. La luz ámbar. Encontré mí pasión”. Aprendió el oficio de fotógrafo. Sus maestros: Manuel Madrigal, Leopoldo Morales, Gordoa y El Chino Pérez. “Aprendí todo el oficio, desde trapear los pisos hasta preparar los químicos de revelado”, sonríe para sus adentros don Pedro.

Terminando su bachiller se inscribe en la Ciencias Políticas de la UNAM. Solo cursa un año. La imagen lo había atrapado. Busca trabajo en El Sol del mediodía, el editor era el periodista Carlos Figueroa. Sus primeros trabajos, hacer notas de los basureros y tomar fotografías. Hacia trabajos diversos como reportero. Notas y fotos. El fotoperiodista recuerda: “No hacia bien ni la una ni la otra pues necesitaba estar concentrado para tomar fotos y necesitaba estar concentrado para escuchar la conferencia y tomar datos. Entonces se me iban muchos datos o muy buenas fotos. Era bastante complicado. Eran tres órdenes de fotos y cubrir dos notas”. Y decidió su destino. La imagen le ganaba a la palabra. Sólo sería fotógrafo.

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Lleva más de cuarenta años retratando a todo México. Sobre su obra se han montado cerca de 300 exposiciones tanto en México como en Canadá, Cuba, España, Francia, Italia, Alemania, Bélgica, Venezuela, Ecuador, Guatemala y Costa Rica. La fotografía y el hambre del reportero de querer registrarlo todo lo llevó a trabajar en el mítico Unomásuno, periódico fundado y dirigido por don Manuel Becerra Acosta. Un periódico que sacudió el anquilosado periodismo mexicano. El primer diario dónde la fotografía obtuvo un lugar preponderante, lo cual innovaría el periodismo fotográfico y crearía una escuela que ha generado talentos reconocidos internacionalmente.

El fundador y director de la agencia Cuartoscuro rememora: “Fue idea de don Manuel, pues en el Excélsior de Scherer no se practicaba, por lo menos con está claridad no. Unomásuno lo practica en una actitud absolutamente periodística sin atender a intereses del gobierno

sino atender a los intereses de la sociedad –de pronto, explicar esto en la actualidad es complicado-. Becerra Acosta atendía siempre intereses de la sociedad, no del Estado”.

Nombrado por la revista Foto Zoom como El fotógrafo de prensa de la década 1975-85, recibe el Premio Nacional de Periodismo en fotografía. Recientemente fue nuevamente galardonado junto con la escritora Elena Poniatowska. Valtierra recuerda a su director: “Estoy muy agradecido porque me dio la oportunidad de estar en el Unomásuno y por haberme apoyado tanto. No solo al ser fotógrafo en las guerrillas centroamericanas sino también en otros temas que cubrí. Quiero decir que Manuel Becerra Acosta es un gran personaje no solo para el periodismo mexicano, es un gran personaje poco estudiado, poco analizado”. En 1983, por una disputa de poder, Unomásuno se fractura. El subdirector Carlos Payán; el subdirector editorial, Miguel Ángel Granados Chapa; la subdirectora de información, Carmen Lira; y del jefe de redacción, Humberto Mussachio junto con el asesor de la dirección, Héctor Aguilar Camín salen del diario. Seis días después 45 escritores y editorialistas renuncian. Doce días más adelante, Fernando Benítez deja el periódico y la dirección del suplemento Sábado. La mayoría de los renunciantes, funda el diario La Jornada.

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Don Pedro salió siguiendo a don Miguel Ángel. Fundador de La Jornada pronto es jefe de fotografía por dos años. En poco tiempo Valtierra organiza y dirige la Agencia Imagenlatina. Imparte talleres y conferencias en universidades. Recibe el Premio de Adquisición en la Primera y Segunda Bienal de Fotografía del INBA. La Asociación de Reporteros Gráficos de la Ciudad de México lo reconoce por la mejor foto del año. Dos años después es editor del suplemento Cuartoscuro del periódico Las Horas Extras, editado por Víctor Roura. Es galardonado con la Medalla de Plata en Moscú que otorga la Organización Internacional de Periodistas.

Nuevamente, los conflictos internos hacen un quiebre en La Jornada. El grupo fundador estaba dividido en distintos bloques y se enfrentaban entre sí. Valtierra abunda sobre los hechos: “Después de dos años, salí junto con Granados Chapa. Yo hice todo lo posible porque eso no sucediera. Hubo factores que llegaron y que fueron determinantes para que el grupo se terminara dividiendo. Yo nunca estuve de acuerdo. Salgo junto con Granados Chapa porque teníamos un proyecto”.

Y fundaron la revista Mira en donde Pedro Valtierra es director por dos años. Primera y quizá la única vez en la que un fotógrafo ocupa el puesto de director. Es legendario el affaire con el intelectual Gabriel Zaid y “su derecho a preservar su propia imagen”. Un año después nace la revista Cuartoscuro que se apoyaba en la agencia fotográfica del mismo nombre fundada por Pedro en 1986. Pero la relación con Granados Chapa era añeja. Nace en 1980, cuando Valtierra regresaba de la guerra en Nicaragua, el fotógrafo narra: “A Miguel Ángel siempre le gustó mucho la foto, lo cual contribuyó a que hayamos trabajado juntos. Es poco conocido su apoyo a los fotoreporteros en las salas de redacción y en la arena pública, como cuando exigimos el derecho de propiedad intelectual sobre las imágenes que tomamos”.

Don Pedro ha sido jurado del Premio Nacional de Periodismo en 1999, 2001 y 2002; en 1998 obtuvo el premio José Pagés Llergo de la revista Siempre!, también el premio Foto Prensa

en la Tercera Bienal de Fotoperiodismo. Ese mismo año, la Agencia EFE y el Instituto de Cooperación Iberoamericana le otorgaron el Premio Rey de España por la mejor imagen noticiosa internacional. Fue jurado del Premio Nuevo Periodismo CEMEX-FNPI, en Cartagena, Colombia, 2004. Su archivo debe ser tan impresionante como el de Casasola. Pedro Valtierra ha fotografiado a casi todo México. Varios archivos fotográficos se encuentran en condiciones lamentables, como el de Héctor García o el de Tina Modotti, o no hay quien quiera medrar como es el caso con el de Mariana Yampolsky.

Valtierra es enfático sobre el destino de su archivo: “Será parte del archivo de la UNAM o del INAH. No aspiro a más sino a que se conserve, se difunda y que se estudié”. En México los libros especializados en fotografía de prensa son muy pocos. Aún no se estudia y se considera el trabajo de los fotoperiodistas. A pesar de ello, algunos libros se editan bajo un esfuerzo sobrehumano de sus editores que en muchas ocasiones son los mismos fotógrafos que con sus ahorros o tocando demasiadas puertas logran patrocinios. Entre los pocos libros que se rastrearon son: Historia Gráfica de la Revolución Mexicana de Gustavo Casasola, con 3 ediciones: 1960, 1973 y 1992 de editorial Trillas. La colección de libros de fotografía Rio de Luz que editó el Fondo de Cultura Económica y que entre sus libros están los imperdibles Yo, el ciudadano, de Nacho López y Escribir con luz, de Héctor García. La Universidad Autónoma de Chapingo edita El poder de la imagen y la imagen del poder. Y existe el libro Fotografía de Prensa en México bajo la coordinación y edición fotográfica de Marco Antonio Cruz.

El contribuye con los siguientes títulos: La Batalla por Nicaragua, editado por Unomásuno; Nicaragua, un país propio, editado por la UNAM; Imágenes de La Jornada, editado por el propio diario; Nicaragua, una noche afuera, con un texto de Jaime Avilés; Zacatecas, editado por la Universidad Autónoma de Zacatecas, el Colegio de Bachilleres, el gobierno del estado de Zacatecas y la agencia Cuartoscuro.

Pedro Valtierra esta satisfecho, sin más asegura: “El cuarto oscuro es el amor de mi vida. Las cámaras digitales es otro amor, pero ya no es igual, ya no se siente lo mismo. Solía meterme al cuarto oscuro a las dos o tres de la mañana, escuchaba música y trabajaba toda la noche con los químicos para revelar imágenes”. Y es que tener un cuarto oscuro es ver nacer la magia, desde el revelado de los rollos, la exposición de las películas, el olor de los químicos, el tiempo de exposición de las fotografías, y hay que estar bien abusados con el papel fotosensible, no encender la luz, porque se vela todo. Un error y se pierde todo para siempre.