El volcán Kilauea sigue activo y emite señales que indican que las cosas en Hawái pueden ir peor…

Durante los primeros días, brotó de las grietas de la montaña una lava densa, pero eran flujos espesos y muy lentos que terminaban formando pozos y apenas se esparcían por los alrededores.

“Inicialmente, vimos que el magma que estaba brotando era antiguo. Había estado cerca de la superficie por décadas y el contacto hizo que perdiera con el tiempo gases tóxicos y que se formaran cristales”. Janine Krippner, vulcanóloga.

Esto, según la investigadora de la Universidad Concord, en Estados Unidos, conllevó a un cambio en la “química del magma”, lo que provocó que la lava se volviera más densa y más lenta, como se vio en los primeros días.

Pero la semana pasada, el panorama cambió.

Se calcula que más de 20 nuevas fuentes de magma comenzaron a brotar en las zonas cercanas a la montaña, de donde más de 10 mil personas debieron ser desalojadas ante el peligro inminente.

El domingo, la lava llegó incluso al mar y la reacción con el agua salada comenzó a producir una nube tóxica conocida en inglés como lazeen, una combinación mortal de ácido clorhídrico y partículas de vidrio que se extiende todavía por una región costera de la isla.

Las concentraciones en la atmósfera de dióxido de azufre, un gas tóxico liberado cuando la lava entra en erupción, se triplicó desde entonces.

Es un fenómeno del que no se tenía registro desde hace más de 90 años, según Krippner.

Krippner asegura que la causa de lo sucedido hay que buscarla en la fuerza que impulsó ese magma antiguo desde las entrañas de la tierra.

“Lo que estaba pasando era que corrientes de magma más nuevo estaban impulsando el más antiguo hacia la superficie. Y ahora, es ese magma joven el que está brotando”. Krippner.

La lava más “fresca” implica tres circunstancias:

Como no estuvo en contacto con la superficie, es más rica en gases venenosos, que se disparan a la atmósfera y que pueden ser nocivos para la vida.
La temperatura es mayor y la consistencia de lava es más fluida (menos gruesa), por lo que avanza más rápido y abarca mayores superficies. Esto aumenta el peligro para zonas habitadas y hace mayores los daños potenciales.
Permite que las erupciones sean más violentas y que los chorros de lava puedan llegar más lejos.
“Es algo que no se veía desde una erupción de 1924, lo cual es mucho tiempo si se tiene en cuenta la vida activa de un volcán. Por tanto, es por mucho una actividad muy diferente a la que los humanos estamos acostumbrados de ver en el pasado”. Krippner.

Y los pronósticos, según la experta, son reservados.

DEJA UNA RESPUESTA

Please enter your comment!
Please enter your name here