Europa no es la única que se ahoga. En las antípodas, una sequía de una violencia inusitada quema los cultivos australianos, diezma los rebaños y causa estragos en la economía de agricultores y ganaderos.

La isla continente está habituada desde hace tiempo a las altas temperaturas y sus habitantes desarrollaron una notable capacidad de resiliencia. Pero los episodios de sequía que viven actualmente algunas regiones del este de Australia son los peores en medio siglo.

Las escasas lluvias que cayeron a principios de esta semana aliviaron apenas levemente las consecuencias de las altas temperaturas, que redujeron a polvo grandes extensiones decultivos y de pastos.

Ante la escasez de pienso, los ganadores tienen que comprar grano o a hacer que les transporten heno desde otras regiones del país para alimentar a sus animales, lo que los obliga a gastar cada semana miles de dólares australianos más de lo habitual.

Algunos pasan horas alimentando a su ganado con la mano y otros se vieron obligados a sacrificar a los animales.

“Los matan porque no quieren que sufran. Los sacrifican porque ya no pueden permitirse alimentarlos”, explica Tash Johnston, cofundadora de la asociación Drought Angels.

Los agricultores también se ven obligados a racionar el agua tanto para su familia como para sus rebaños, ya que sus pozos están prácticamente secos.

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