La administración de Enrique Peña Nieto inició su gestión con el llamado Pacto por México. Entre las reformas propuestas se encontraba una que, por años, se creyó imposible concretar: la apertura del sector energético a las empresas privadas.

Pero se logró, y ya se han otorgado 107 bloques para exploración o producción a compañías del sector, con inversiones totales estimadas en 162,000 millones de dólares.

Sin embargo, la reforma energética no ha cumplido todas sus promesas. El gobierno se puso las metas, para 2018, de llevar la producción de petróleo hasta los 3 millones de barriles en promedio diario; de aumentar la de gas a 8,000 millones de pies cúbicos; de reducir las tarifas de electricidad y gas; además de crear un millón de empleos. Nada de eso ha ocurrido.

La mayor decepción

La extracción de petróleo rondaba los 2.5 millones de barriles en promedio diario cuando se promulgó la reforma energética. Cinco años después de ese momento, la cifra se encuentra en 1.85 millones, y las previsiones apuntan a que puede bajar hasta 1.83.

Aunque ya existe una pequeña producción por parte de empresas particulares, de 68,000 barriles diarios , su influencia en el total nacional apenas se percibe.

El gas natural también sufrió el mismo descalabro de expectativas. En lugar de acercarse a la meta de la reforma energética, bajó de los 5,700 millones de pies cúbicos de 2013 a 4,800 millones en lo que va de 2018.

Precios al alza

Las metas de la reforma energética en materia de tarifas a la electricidad y gas también se incumplieron. La teoría planteaba que si aumentaba la producción nacional de hidrocarburos, y se abrían los mercados a la generación eléctrica y gas LP, los precios al público iban a reducirse. Pero nadie puso énfasis en que este efecto podía esfumarse por la acción de los mercados internacionales.

Las tarifas de luz a los hogares nunca subieron en el sexenio, pero la reforma energética no tuvo nada que ver, sino los subsidios que da el gobierno para evitar el alza. Los precios industriales y comercios sí se vieron beneficiados al inicio del sexenio con las nuevas reglas en materia de tarifas, pero una vez que los energéticos volvieron a subir, desde mediados del año pasado, las empresas se vieron sorprendidas por los abruptos aumentos en lo que pagan.

Los precios de las gasolinas no se incluyeron como parte de las promesas, aunque sí se dijo que una mayor competencia, con firmas internacionales y nacionales quitando mercado a Pemex, como ha ocurrido, favorecer al consumidor. Pero los precios han aumentado de manera constante tras su liberación en 2017.

La nueva competencia

Estas expectativas fallidas ensombrecen los cambios significativos que se han vivido en el sector a lo largo de estos años.

La Asociación Mexicana de Empresas de Hidrocarburos (AMEXHI), que agrupa a las nuevas petroleras del país, apunta que se han pagado al Fondo Mexicano del Petróleo cerca de 2,000 mdd; se han invertido 2,000 mdd en estudios de sísmica para conocer a más profundidad el Golfo de México; otros 4,000 mdd están ya comprometidos en los próximos años en la perforación de pozos; y la expectativa es que se agreguen al menos 12,000 mdd en planes de desarrollo aprobados por el regulador energético.

Ademásm se han realizado siete licitaciones y dos procesos para encontrar socios a Pemex, con un saldo de 107 contratos adjudicados, tres asociaciones para la petrolera nacional, y con inversiones estimadas de más de 162,000 millones de dólares (mdd).

 

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