Los incendios que asolan desde hace casi una semana la costa este de Australia causaron cuatro muertos, según el último balance de la policía el jueves, una catástrofe que suscita la indignación hacia el gobierno conservador, que minimiza los efectos del cambio climático.

Un cuerpo fue hallado cerca de la ciudad de Kempsey, en el Estado de Nueva Gales del Sur (sureste), una de las muchas zonas afectadas por los fuegos. Según la policía, podría tratarse de un hombre de 58 años que vivía en una cabaña cercana, y que no fue visto desde el viernes.

Otras tres personas perecieron en este mismo Estado, el más devastado por los incendios que, desde hace casi una semana, causan estragos en la costa este de Australia, atizados por los fuertes vientos, las elevadas temperaturas y una vegetación muy seca.

Más de 100 focos seguían activos el jueves, pero una mejora en las condiciones meteorológicas redujo el nivel de peligro en las zonas afectadas y permitió que los vecinos volvieran a sus casas para ver las consecuencias de la catástrofe.

Pero para el fin de semana se espera de nuevo que las temperaturas suban y los fuertes vientos retomen, especialmente en Queensland y Nueva Gales del Sur.

Pasividad del gobierno

Varios antiguos responsables de bomberos subieron el tono, advirtiendo que el calentamiento climático contribuía a “aumentar” el problema de los incendios, y apuntaban a la pasividad del primer ministro, Scott Morrison, sobre el tema.

Estoy sobre todo preocupado por el impacto y los daños vinculados al cambio climático. Sin precedentes es una expresión que se ha usado mucho. Pero en este caso, es muy adecuado”, declaró Lee Johnson, un exjefe de bomberos.

Durante días, el jefe de gobierno se negó a responder preguntas relacionadas con el cambio climático, refugiándose en la urgencia para ayudar a las víctimas de los incendios. Incluso si los vecinos lo interrogaban sobre este cuestión en sus visitas a las zonas siniestradas.

Morrison, del Partido Liberal, admite la realidad del cambio climático, pero afirma que el problema puede solventarse sin sancionar a la economía. Es un gran defensor de la industria minera australiana, que representa 70% de las exportaciones nacionales.

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