El calor intenso y las lluvias más demoradas comienzan a interferir en el romance de las rosas de Ecuador y sus compradores de San Valentín en el mundo.

Realmente no es un buen Valentín (…) No fue tan positivo” en 2020, se lamenta el presidente de Expoflores, Alejandro Martínez.

En los últimos años el sector floricultor ha enfrentado cambios meteorológicos inusuales que en principio, sospecha, pueden estar asociados a la crisis climática.

En lugar del acostumbrado invierno previo a San Valentín hay un verano andino con altas temperaturas (unos 23 grados centígrados) y fuertes niveles de radiación, lo que adelantó la cosecha en sectores como Cangahua, al norte de Quito.

A raíz de ello, por segundo año consecutivo, Ecuador encaró con apuros los despachos justo para San Valentín, el mejor momento para sus rosas antes del Día de la Mujer y el de la Madre. “Eso es parte del efecto del cambio climático, que sin duda es un problema”, sostiene Martínez.

Colombia, Holanda y Ecuador son los principales productores y exportadores de rosas en el mundo, de acuerdo con Expoflores.

Un corte a destiempo

El corte se suele programar para poco antes del 14 de febrero, con el ánimo de que las rosas lleguen lo más frescas posibles a las manos de los enamorados. Un tallo ecuatoriano puede venderse hasta en diez dólares en Estados Unidos durante la celebración de San Valentín y normalmente en cuatro dólares en otra época del año.

  • Pero esta vez la cosecha se anticipó en más de una semana.

El atípico calor, explican cultivadores y exportadores, hizo que las flores se desarrollaran más rápido, con lo que fueron embarcadas antes de tiempo y a precios por debajo de los pactados.

En plena línea ecuatorial, Ecuador cuenta con tierras a unos tres mil metros de altura ideales para la floricultura, y dos estaciones climáticas definidas: invierno y verano.

Pero estas estaciones ya no ocurren “dentro de los tiempos en que normalmente ocurrían”, explica David Romo, del colegio de Ciencias Biológicas y Ambientales de la privada Universidad San Francisco de Quito.

Eso afecta a cualquier tipo de cultivo y actividad en la producción agrícola”, anota el investigador, enfatizando en la relación que puede haber con “el cambio climático”. “Eso es innegable”, subraya.

Si las altas temperaturas, que ya son atípicas, no ceden en los Andes y el agua comienza a ser un problema, entonces los cultivos podrían perder calidad.

“El agua es un recurso escaso y con el cambio climático podría volverse mucho más escaso, afectando la producción de muchos cultivos como el de las flores”, indica el gerente de las plantaciones BellaRosa y Rose Connection, Santiago Luzuriaga.

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