Conocí a Jesús Blancornelas a mediados de los ochentas, el semanario Zeta que él fundó cumplía su primer lustro. A mediados de los noventas me incorporé al Zeta como corresponsal en la ciudad de México mientras alternaba mi trabajo periodístico en otros medios. Tuve el honor de ser su amigo y compañero hasta su fallecimiento en noviembre de 2006. Escribió los prólogos de cuatro de mis libros. Durante tres lustros colaboré con él. En ese lapso viví y sufrí el horror de mis compañeros del Zeta por denunciar a los Arellano Félix, las atrocidades de los narcos y sus sicarios.

Como Jesús Blancornelas me enfrenté al poder los Hank. En el ocaso de la vida de Carlos Hank González publiqué su perfil biográfico en el libro Las enseñanzas del profesor donde exhibí las ligas de los Hank con el narcotráfico basado en una minuciosa investigación periodística y en documentos de los organismos de seguridad nacional del gobierno de Estados Unidos.

Como nadie Blancornelas fue el periodista que destapó la cloaca de la narcopolítica. Justo a mediados de los ochentas el periodista Manuel Buendía fue asesinado por la espalda cuando se aprestaba a revelar los entresijos del narco y la política. Los narcotraficantes eran ya un poder fáctico.

Comenzaba el resquebrajamiento del país en todos sus ámbitos. Hoy es inocultable. El narcotráfico ha penetrado no sólo a la economía sino al mismo Estado, la prensa misma ha sucumbido al poder del narco. Todo, o casi todo, se encuentra contaminado por el narco, principalmente el aparato de justicia.

En las redes sociales se glorifica a los narcos y sus lujos. Las planas de la prensa se tiñen un día sí y otro también de la sangre de las ejecuciones.

La corrupción que permea a las instituciones, comenzando por las policías de todo el país, le abrió las puertas a la mafia. No hay capo que se precie que no sueñe con ser como Vito Carleone, el mítico personaje de Mario Puzo.

Hace no mucho, en octubre de 2012, en España el periódico El País convocó a sus lectores a elegir la mejor película de todos los tiempos. La votación no podía ser más elocuente. La nominación de la obra ganadora recayó en El Padrino.

Dudo que Mario Puzo haya escrito El Padrino para glorificar a la mafia. Lo escribió para exhibir su poder, sus vínculos con los hombres del poder y el dinero.

Lo mismo ocurre con el periodista italiano Roberto Saviano. Escribió su libro Gomorra y casi le ha costado la vida. La mafia italiana le ha puesto precio a su cabeza. Desde entonces está convertido en un paria. Vive bajo protección donde quiera que se encuentre. Lo ha perdido todo: su novia, sus amigos, su familia.

En la guarida de Joaquín El Chapo Guzmán en la sierra de Badiraguato había un libro de Saviano. El capo estaba obsesionado con su fama. El actor Sean Penn y la actriz Kate del Castillo sucumbieron al embeleso del poderoso narcotraficante. Ambos mostraron y dejaron constancia de su admiración y placer por encontrarse con El Chapo y aún peor manifestaron su alegría por estar a su lado y compartir algunos momentos.

A cualquier periodista le hubiese ocurrido lo mismo y sino ahí está la muestra de Julio Scherer quien terminó seducido por el Mayo Zambada otro de los capos crueles y sanguinarios como El Chapo.

Contrario a su naturaleza El Chapo ha buscado afanosamente periodistas y escritores que lo alaben, quiere que escriban una biografía o el guión de una película que lo muestren como una persona  “digna de honor”, que le dé fama y prestigio, como ocurrió con un personaje que se ostentaba como el “abogado” de Amado Carrillo Fuentes: José Alfredo Andrade Bojórquez y que escribió un libro sobre la historia de El Señor de los Cielos.

El libro de  Andrade Bojórquez con el título Desde Navolato Vengo: Biografía de Amado Carrillo Fuentes, hacía alusión a numerosas desapariciones de jefes policíacos, médicos y licenciados que habían sugerido que Amado Carrillo Fuentes no estaba muerto. El biógrafo de Amado Carrillo también desapareció en noviembre de 1999, jamás se le ha vuelto a ver, como fue la inexplicable desaparición del comandante de la Policía Judicial del Distrito Federal José Luis Rodríguez, El Chiquilín. Las investigaciones revelarían que por su parecido con Amado Carrillo, varias veces le había servido como “su doble”. El agente desapareció a fines de junio de ese mismo año y nunca más se le volvió a ver.

Sean Penn y Kate del Castillo pueden ufanarse, por ahora, que están vivos.

La película de El Chapo aún no termina, aún sigue buscando quien lo glorifique.

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